Slide background

cartell_2011

 

 



Si a cualquiera de nosotros nos vienen hace dos años y pico y nos dicen: “Aprovechando que está empezando esto de la crisis voy a jugarme los garbanzos y voy a montar un festival de Rock, y para ponerle más picante va a ser en un lugar con tanta tradición como Cataluña”. Lo más normal es que respondiéramos, en el más suave de los casos, con un sonoro: “Chico, tú estás tonto”. Pues bien, esta ficción a los chicos del Pintor Rock les habría importado más bien poquito porque el pasado 19 de octubre celebraban su tercera edición.
 
Y lo han hecho dando un pasito más, como un niño cuando crece, sin pausa pero sin prisa. Más grupos, un cambio de ciudad, un recinto mucho más grande, y por qué no decirlo, más riesgos. Este año el festival abandonaba la pequeña localidad de Cabra del Camp, para acercarse a la capital de la provincia, Tarragona, concretamente a su imponente y remodelada plaza de toros. Y lo hacía a su vez casi un mes antes de que el año anterior, tratando de esquivar así el frío de pasadas ediciones.
 
Al llegar a Tarragona parecía que olía como raro, y no me refiero a ese olor tan característico del mar que uno percibe cuando llega desde el interior, no. Era, como un olor a rancio, a vetusto, y un poco como a azufre. La explicación estaba clara, una semana antes del festival habían sido canonizados en esta misma ciudad 522 mártires de la guerra civil. De esos llamados caídos por Dios y por España. Y como no podía ser de otro modo, habían contado con la presencia de lo más granado del facherío patrio. Había que hacer algo.
 
El Pintor innova, tiene ambición, quiere mejorar. No es sólo ser visible por las redes sociales para que cualquier mico con una conexión a Internet se entere de la existencia del festival, no. Es pensar que hacer para revitalizar tú festival, hacerlo distinto de los demás, dar un motivo para coger el coche, el tren o incluso el avión para ir hasta allí. Es negociar con hoteles de la zona precios especiales para suplir que no hubiera zona de acampada este año. Es poner unos precios en barra al alcance de todos los bolsillos. Es especializar las barras entre las que sirven cerveza y las que tienen combinados y éstas a su vez del puesto de comidas. Es poner baratísimo el “merchan” del festival, y compensar a posteriori la falta de algunas tallas por problemas con el proveedor. Es tener un producto, cuidarlo y mirarlo.
 
Uno de los puntos más flojos de los festivales que empiezan a una hora tempranera es el papelón que tiene el grupo encargado de comenzar las actuaciones. Para tratar de paliarlo, una oferta de caña y tapa desde la apertura de puertas hasta el comienzo de la actuación de los navarros Tracción. A más de uno el comienzo de los conciertos le pilló todavía con el pintxo en la boca. Cierto es que a las tres de la tarde, hora de comienzo del sarao estábamos cuatro y el del tambor, pero ¿Cuantos hubiéramos estado sin la existencia de este aliciente previo?
 
Personalmente no había escuchado mucho de los Tracción.No había hecho mis deberes y me sonaban básicamente de oídas y de alguna recomendación. He de decir que me gustaron bastante. Hacen rock, metal, fuerte pero no exageradamente agresivo, le dan caña. Y suenan muy muy bien. Aparte de ser buenos músicos en conjunto, cuentan también con una gran animación por parte Iban, quien no paraba de aparecer y desaparecer del escenario con caretas y diferentes artilugios. Con esta puesta en escena es difícil no ganarse al menos la atención del público. Encima y como colofón, le dedicaron una canción a Alfredo de Barricada, presente en el festival. Y ya saben que quien no quiere a los Barri… Hay que seguirles la pista.
 
El siguiente subir al escenario venía también de la Comunidad Foral, era Juantxo Skalari, quien acompañado de “La Rude Band” interpretaría temas de los desaparecidos Skaralirak y de The Kluba. Todo muy Ska, Rude… sí, exactamente igual que sus grupos anteriores. Quizá fuera por la hora, quizá fuera por la digestión tapas previas, pero a mí me aburrió soberanamente. Cierto es, que dentro del aún escaso público, se veían botes en las primeras filas, pero dentro de un estilo que su punto fuerte es la animación del personal, conmigo consiguieron todo lo contrario. Los minutos más largos del festival con diferencia.
 
Para despertar del letargo, la panda de impresentables más grande que jamás subió a un escenario, los Silencio Absoluto. Los de Fuenmayor estaban de estreno. No en vano traían consigo un nuevo batería, Tano, un argentino que golpea los bombos que es un primor. Tan sólo llevaba un concierto con la banda antes de este Pintor Rock, y si no nos lo hubieran dicho durante el concierto, pocos o ninguno lo hubiéramos advertido. Es muy difícil subirse al tren en marcha de un grupo en gira, pero parece que Tano lo ha hecho, y ¡que dure! Una lástima que hubiera en ese momento menos gente de la que debería, se perdieron un gran recital de puro y buen Rock and Roll.
 
La calurosa tarde tarraconense seguía avanzando y eran los sevillanos Gérmenes los encargados de dar el relevo a los riojanos. Eran sinceramente el grupo que más “miedo” me daba de todo el festival, pues todas mis experiencias previas habían sido cuanto menos descorazonadoras. Siempre que habíamos juntado nuestros caminos Gérmenes me había parecido un grupo falto de definición y con muy poca capacidad para transmitirme algo. Como diría mi abuela, veía que les faltaba un hervor. Afortunadamente me equivocaba, mis miedos eran infundados. Me gustó lo que vi durante el concierto. No pude verlo completo, pero lo que presencié fue bueno. Vi un sonido más contundente, vi ganas y vi sobre todo que me llegó. Sin duda la que vez que más me ha gustado, espero que esta nueva impresión continúe.
 
Decíamos antes que el Pintor Rock es un festival que innova pensando sobre todo en el público, que al fin y al cabo son los que mantienen el cotarro. El Pintor ha traído al rock una figura mucho más típica de otros espectáculos que de la música. La mascota. Y es que la presencia del ¿Monstruo? Rocky, no era simplemente un elemento decorativo del cartel como en otros festivales. En Tarragona iba a cobrar vida en los descansos entre grupos para darse una vueltecilla por ahí tendido, saludar, hacerse fotos, en definitiva, animar al personal. ¿Es realmente un elemento indispensable para el buen funcionamiento de un festival? Lógicamente no, pero sí que ayuda a que esos momentos entre grupo y grupo sean más amenos, da una nota de color, es diferente, y da un motivo más para por ejemplo permanecer en el recinto. Quizá para un macrofestival de varios miles de personas esta figura sea un poco difusa, pero para un recinto más pequeño y con un número de personas más limitado, un verdadero acierto. Sólo dar nuestra solidaridad con la persona que iba dentro de Rocky que seguro que frío no pasó.
 
Y eso, entre grupo va, grupo viene, le tocaba el turno a Envidia Kotxina. Los madrileños es obvio que ya no son un grupo nóvel, pero sí que es un grupo en franco progreso. Y es que de un tiempo a esta parte veo a los kotxinos más enteros, sonando mejor, bien asentados, claros, en definitiva, han dado un par de pasos para adelante en esto y sin renunciar a las raices más punkis ni haciendo cosas raras. Sólo mejorando aquello que saben hacer. Que siga.
 
Con El Último Ke Zierre ocurre algo parecido que con Envidia, pero con matices. No es que hayan mejorado como grupo de una manera plausible en los últimos años. Ya estaban a un gran nivel. El cambio viene en sus letras. Podemos poner a una persona que jamás haya escuchado nada de EUKZ en un concierto, y pedirle que separara las canciones más nuevas de las más antiguas, apuesto a que fallaría en pocas. Es un fenómeno curioso de ver en directo. Con el paso de los años, y especialmente en estos últimos de crisis, las letras han dado un cambio importante, son más serias, más duras, parecen más trabajadas. Y es que por muy liberatorio que sea cagarse en dios o en la puta madre de un ministro catorce veces, un silencio, una mirada o una entonación son, la mayoría de las veces, más fuertes, más contundentes, más rabiosos, en resumen, más creíbles.
 
También hubo durante el concierto de los castellonenses algo que ni yo ni ninguno de los que estábamos viendo la actuación acabó de entender bien. Durante “Yo podría ser tu perro” vivimos una extraña performance protagonizada porAgnes de Lilith, que salío al escenario con una cadena de perro, con la que “El Feo” la sujetaba con clara pose de sumisión de la primera. Todo muy visual, muy explícito, y acorde con la letra de la canción, pero fue… Fue raro y no tenía pinta de estar muy preparado. Total, la canción no salió muy allá, la intención de la otra actuación tampoco quedó demasiado clara, y la sensación en el aire de si el númerito de sadomasoquismo light era realmente imprescindible.
 
Los siguientes en aparecer sobre las tablas de la monumental de Tarragona serían, ya en horario estrella, Lendakaris Muertos. Los navarros tienen una propuesta de escena bastante distinta a las de otros grupos. Quizá decir que la música es lo de menos sea un pelín excesivo, pero no lo es decir que ésta está en un segundo o tercer plano. Su punto fuerte está en las letras. La mordacidad, acidez, ironía. Y por otro lado, en la enajenación mental transitoria de su cantante Aitor con sus carreras imposibles allá donde va. Y parece que les va muy bien. Son reclamandos en multitud de conciertos y festivales, y siempre son de los que más gente concentran. A mí personalmente me cansan, les veo repetitivos y con menos chispa que años atrás, pero cuando consigues que tanta gente te siga, es porque algo especial tienes.
 
Al igual que antes con Gérmenes, Disidencia era un grupo que tampoco me generaba excesiva confianza antes de llegar al festival. Un grupo con muchas idas y venidas, numerosos cambios de formación, apariciones,desapariciones. Una trayectoria errante. Y esta vez parece que atiné un poco más. Es cierto que el show tiene en sus últimos 10-15 minutos una parte muy buena, con sus canciones más conocidas y en la que público más se entrega, pero el resto de la actuación es muy difícil de justificar. Un grupo con su trayectoria y al que le ponen un horario tan bueno tiene que ofrecer algo más, algo que le haga diferente de los otros 250 grupos de punk rock que hay exactamente iguales por ahí y que en vez de estar tocando a la una de la mañana en el Pintor Rock, están en sus casas, o abajo del escenario. No se puede vivir sólo del nombre y de unos minutos muy por encima de la media, hay que ser más consistente.
 
Ya entrando en esas horas de las que nada bueno puede salir llegaba el turno de La Raíz. Los de Gandía presentaban una alternativa bastante diferente a la tónica predominante en el festival. Habiendo degustado una buena parte de las variantes de punk concebibles, un cambio de aires se hacía necesario. Y ahí estaban preparados ellos, trayendo a Tarragona sumulticulturalidad y su mezcla frenética de ritmos para goce y disfrute de los que allí estábamos. No los había visto antes, y la sorpresa fue francamente agradable. Por lo que se pudo ver, La Raíz es como una especie de cocktail. Mucho estilos, una licuadora musical, y como resultado una explosión de energía ideal para esas horas de la noche, donde ya saben, todo empieza a ser difuso.
 
El festival empezaba bien tempranito, con la comida prácticamente en la boca, y con la caña de los Tracción, e iba a acabar de prácticamente igual forma. Se avecinaba un vendaval. Era la hora de Desakato. Los asturianos son un grupo en pleno auge, y en cada directo lo demuestran. Cada directo, cada canción es una bofetada en la cara. Su estilo es fuerte, contundente, que podrá gustar más o menos qué hacen, o más bien como lo hacen. Pero las ganas, el compromiso y la actitud son innegable. Es imposible que dejen indiferente a nadie. Destacar además que durante su actuación contaron con la colaboración muy especial, Rocky, el ogro más punketa del planeta salió a darlo todo con ellos, desvelando además una identidad. No era otro qué… No, mejor mantenemos el misterio.
 
Y con esto,ya a las cinco de la mañana, no es que nos diera un subidón de ternura, ójala. Es que había que cerrar. Cumpliendo a rajatabla los horarios para evitar conflictos con la autoridad, que como no podía ser de otra forma estaban esperándonos con los abrazos abiertos a la salida, se acababa esta tercera edición del Pintor Rock. Al menos la parte que se puede contar. Una edición con nueva casa con cambios, con las comparaciones entre el pequeño pueblo y la gran ciudad. Pero en definitiva, con pasos hacia adelante.
 
En la época de la ilustración se decía aquello de todo para el pueblo pero sin el pueblo. Cometiendo una pequeña gran aberración, podemos extrapolar esto a muchos festivales de este país (no todos, ni mucho menos), se hacen para la gente, pero sin contar con la gente. Este Pintor tiene algo especial. Se aprecia el mimo, el cuidar los detalles, el hacer la estancia lejos de tu casa lo más cómoda posible. El ganarse un hueco en el panorama festivalero español, y en nuestros corazones.
 
Quedan seguro cosas por tratar, o por transmitir, si son fuera lo estrictamente músical y no están en estas líneas, muy seguramente ya hayan sido expresadas aquí.
 
Ahora sólo queda esperar a 2014, esperar con ansias la cuarta edición del Pintor Rock, y ver con qué nos sorprenderán la próxima vez. Hay quien dice, y no son pocos, que el festival se les hizo corto, que con un 14 horas de música en un único día no les daba. Que necesitan más. Lo dejo caer.
 
Al final Tarragona olía lo que tiene que oler, a mar, y un poquito también, a Rock. Amanece que no es poco.